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El Telégrafo

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¡¿Un Premio Nobel de la Paz para La Unión Europea?!

14 de octubre de 2012

Es difícil de entender o, por lo menos, de aceptar. Por varias razones: Europa vive una aguda crisis económica y política.

Y es entendible que la viva y afronte porque los gobiernos y las políticas fueron asumidas como un hecho dado y benéfico por la opinión pública y los generadores de certezas (entre ellos algunos medios, la Iglesia y EE.UU., aunque parezca paradójico).

Pero de ahí a recibir un Premio Nobel de la Paz hay una distancia enorme, tanto que muchos comentarios desde ayer señalan que más que un honor y un reconocimiento es un espaldarazo a la OTAN o una broma de mal gusto. ¿Qué dirán los millones de desempleados de España, Portugal, Grecia, Italia, Francia y Alemania de este premio? ¿Imaginarán que recuperan  sus empleos? ¿Los llamados Indignados agudizarán su indignación con la Fundación Nobel o sentirán que sus luchas, rabietas y hasta emociones ya no tienen ningún sentido?

Un premio a favor de la paz considera  los esfuerzos de personas e instituciones en procesos para solucionar conflictos, sanar heridas y/o para resolver problemas desde las iniciativas más nobles con resultados muy positivos, que garantizan un bienestar general.

El propio testamento de Alfred Nobel dice que se lo otorgará a la persona que haya trabajado más o mejor a favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz.

Pero no esta vez, lastimosamente hay que decirlo, se otorga el premio a una institución que ni ha resuelto ningún problema de fondo, que ha consolidado un sistema democrático para garantizar un modelo económico excluyente dentro de sus propias fronteras y muy ligado a las lógicas del mercado mundial.

Como dijo el senador italiano Sandro Bondo, el premio “es una expresión de hipocresía sin límites”. Y lo dijo porque la Unión Europea, hasta ahora, no ha dado muestras de una frontal política pacifista al sustentar algunos conflictos fuera de sus fronteras. Sobre todo al alentar invasiones a naciones que bajo su óptica no le dan condiciones de “estabilidad” económica al mundo.

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