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Ecuador, 26 de Febrero de 2025
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La crisis de los opiáceos en EE.UU. apunta hacia médicos

El Gobierno federal norteamericano propuso reducir el año próximo el 20% de la producción autorizada de opiáceos.
El Gobierno federal norteamericano propuso reducir el año próximo el 20% de la producción autorizada de opiáceos.
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Cuando Sheila Bartels, de 55 años, salió del consultorio médico en Oklahoma, sostenía en la mano una receta para 510 analgésicos. Ese día, murió de una sobredosis.

Su doctora, Regan Nichols, fue acusada de cinco cargos de asesinato en segundo grado: uno por cada paciente que murió por sobredosis de drogas después de que les recetara medicamentos opiáceos, como vicodin u oxicodona.

“Los médicos tienen una gran responsabilidad en la crisis de los opiáceos”, dijo David Clark, profesor de anestesiología en la Universidad de Stanford. “No teníamos (crisis) hasta que los médicos se vieron seducidos por lo que consideraron un potencial de los opiáceos para controlar el dolor crónico”, explicó.

Se estima que dos millones de estadounidenses son adictos a los opiáceos. Muchos tienen que comprar sus dosis ilegalmente al expirar su receta, virando algunos a la heroína y las drogas sintéticas.

Noventa personas mueren cada día en Estados Unidos por sobredosis. Los médicos estadounidenses prescriben opiáceos más que en cualquier otro país. Sin embargo, según los expertos, no son los únicos culpables.

“La industria farmacéutica se enfoca en los médicos generales, que son quienes lidian con la mayor cantidad de personas que tienen dolor”, señaló Mike DeWine, fiscal general de Ohio (norte), estado especialmente afectado por la crisis. “Creo que han sido engañados y se les ha dicho cosas falsas”.

 El problema se remonta unos veinte años atrás, cuando los médicos fueron alentados de tener más en cuenta el dolor de sus pacientes y los laboratorios pregonaron la eficacia de los analgésicos.

Así, un tratamiento destinado a casos extremos pasó  a ser prescrito para pacientes crónicos, que antes eran tratados con sustancias menos potentes (aspirina). Y no sabían que eran adictivas. “Tenías a gente con dolor de muelas u operada de la rodilla, que fueron tratadas con opiáceos durante mucho tiempo o con dosis superiores a sus necesidades”, señaló Robert Ware, jefe de la Policía de Portsmouth. (I)

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