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Ecuador, 25 de Febrero de 2025
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El Telégrafo

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Víctima de la violencia hoy ayuda a superarla

Mariela está involucrada en la lucha contra el maltrato a la mujer a través de dos agrupaciones.
Mariela está involucrada en la lucha contra el maltrato a la mujer a través de dos agrupaciones.
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A primera vista parece una mujer tímida, de lenguaje parco, temerosa y frágil. Pero cuando Mariela (nombre protegido), de 39 años, se refiere a la violencia de género, al femicidio y a los derechos de las mujeres, es como si desde su interior emergiera una fuerza que la transformara.

“Lo que he pasado me ha impulsado mucho a hablar con otras mujeres sobre el tema. Nosotras no debemos callar. No debemos proteger al agresor”, afirma convencida la activista del colectivo Ni una Menos.

Cerca de las 15:30 del último  viernes de julio, esta esposa y madre de 6 hijos llega desde su casa, en la Isla Trinitaria (sur de Guayaquil), para asistir a una nueva capacitación sobre violencia de género.

Mariela conoce muy bien el tema. Lo ha vivido. Lo ha llorado. Ha tocado fondo hasta el punto de la depresión. Sin embargo, también  supo sobreponerse y demostrarse a sí misma, a su familia y a otras mujeres que es posible superarlo y resurgir desde cero.

Accede a contar su historia y su evolución como mujer y ser humano. Pero prefiere mantener la reserva de su verdadero nombre y su rostro “para no herir” a terceras personas con su testimonio.

“Me violaron a los 13 años. Casi a los 19 sufrí otro abuso sexual, fue múltiple. Desde ahí mi vida fue difícil. Económicamente podía salir adelante, pero en lo personal yo estaba acabada”.

El primer caso ocurrió en Riobamba y fue un hombre allegado al  entorno familiar que mantenía a aquella Mariela adolescente en silencio porque estaba aterrada debido a los golpes, insultos y las amenazas de muerte a sus parientes. Pero dos años después su vientre empezó a abultarse y empezaron las preguntas persistentes y, a veces, un poco acusatorias de sus padres.

“Yo vivía con miedo. No dije nada para que no le hagan daño a mis familiares porque desconocía mis derechos. Ahora he aprendido sobre violencia. He aprendido a que las mujeres no tenemos por qué proteger al agresor ni a sentirnos culpables, porque no lo somos”.

Seis años después, sus padres se enteraron de la identidad del atacante por casualidad. Hubo reclamos, pero no hubo tiempo a acciones penales porque el responsable desapareció.

Decidida a olvidar lo sucedido y a empezar una nueva vida ya con 19 años, Mariela y su pequeña hija se radicaron en Guayaquil. Sin embargo, en uno de esos lapsos que recibía a familiares y conocidos de su natal Chimborazo, fue violada por 4 allegados.

“Es más difícil levantarse de algo así. La gente la señala a una por ser mujer. Yo era la víctima, pero para la familia de los agresores yo direccioné la situación para que abusaran de mí. Quise poner una denuncia y mi familia no me apoyó porque sentía vergüenza y pena de que yo vuelva a vivir esa victimización. Además, temían que todo quedara en la impunidad”.

Pasó el tiempo y conoció a quien hoy es su esposo y padre de 5 de sus 6 hijos. “Cuando me pidió matrimonio le dije todo lo que había pasado en mi vida porque creo que una relación debe construirse sobre la verdad. Mi esposo está de acuerdo y apoya mi actividad”.

Con 25 años de edad y las heridas aún abiertas en el alma, Mariela empezó a tener quejas de la profesora de su segundo hijo que entonces tenía 5 años. El niño era muy retraído y no le gustaba que nadie se le acercara.

Ella explica que el problema no solo era con el pequeño, sino también con su niña mayor. “Amo a mi hija. Ella es inocente de todo lo que pasó. Al comienzo fue difícil la situación porque mi corazón y mi cuerpo estaban muy lastimados”. Con su hijo el sentimiento de amor era igual, pero en ambos casos ella no podía expresarlo.

“Mis hijos empezaron a tener problemas de afectividad y aislamiento que yo misma les provoqué porque me puse una barrera. Yo era una persona dura a la que no le llegaba el cariño y pasaba encerrada con mis niños. Los alejaba de todo el mundo. Eran muy introvertidos porque no tenían el calor de madre que yo no les podía dar”.

Fue entonces cuando Mariela comenzó a hablar sobre su problema del pasado para poder sanar su corazón y su ira. Aquello se facilitó con la llegada de un proyecto de la organización Cooperativa de Todas, que brindaba charlas en su barrio.

“Es lo que queremos replicar desde Ni una Menos, charlas con calidez donde cada mujer pueda expresar su problema, compartirlo. Estamos desde hace años luchando por quienes sufren de violencia intrafamiliar, acompañándolas en las audiencias porque es una manera de darles apoyo”.

Uno de los casos que le ha tocado dar soporte es el de una joven que fue la cuarta víctima de violación de un individuo que salía libre en todos los procesos. “Fuimos a las audiencias para que no quede impune el caso. Hicimos plantones y gritamos consignas. El proceso se resolvió a favor de la chica”.

Parte de la labor de la agrupación también es visitar la vivienda de quienes denuncian los casos de violencia para conversar sobre su problema. “Es un apoyo humano. Nos solidarizamos con las víctimas. Las escuchamos sin juzgarlas”.

A Mariela  le ha tocado actuar en casos más violentos. Una vecina de su barrio que sufría maltratos físicos y psicológicos constantes de su esposo, hace seis meses casi fue asesinada. Su pareja la atacó con un cuchillo en el cuello, manos y talón.

La mujer se desplomó con las heridas sangrantes. La activista comenta que su cónyuge, al verla caer inconsciente al piso, pensó que la había matado, por lo que fue al dormitorio de su hijo y se ahorcó.

Los gritos alarmaron al sector y dentro de la casa el cuadro era desgarrador. “Era algo que no se puede expresar. La señora estaba viva. Le envolvimos una sábana en el cuello porque se estaba desangrando. Su esposo trató de cortarle la yugular. Ahora recibe terapia psicológica y física para recuperar la movilidad de dos dedos”.

Mariela también es integrante activa de la parroquia católica de su sector. Desde allí realiza labor social con talleres sobre violencia y drogadicción. “Son muchos problemas los que se derivan del maltrato. Muchos de esos chicos buscan la droga y las chicas buscan marido muy jovencitas para, según ellas, salir del entorno de violencia familiar”.

Su mensaje para las mujeres es que expresen lo que está pasando, que compartan sus problemas, busquen ayuda y sigan a adelante porque sí es posible. “Una a veces piensa que la vida se le termina y no quiere ni poner la denuncia”.

Está convencida de que el maltrato tiene su origen en la conducta machista de la sociedad. Es algo que vivió desde niña, cuando veía cómo su padre golpeaba a su mamá. “No solo sufrió mi madre, sino también mi hermana y yo al ver su dolor”.

Su activismo también llega a su familia. Su padre buscó ayuda y ha cambiado. “En mi familia vivimos cero maltrato. Eso me ha impulsado mucho para hablar con las mujeres sobre este tema y constatar que los agresores a cualquier edad pueden cambiar si lo desean”.

De esa chica frágil, atemorizada, con la autoestima por el piso debido al maltrato que empezó a vivir desde los 13 años, no quedan rastros. Mariela es una mujer activa que trabaja por otras. “Yo he dado un vuelco total. Mi vida ha cambiado completamente. Soy una persona más afectiva y productiva que comparte su vida familiar con la ayuda a otras mujeres que viven violencia de género”. (I)

Datos

La violencia psicológica o emocional contra la mujer es más frecuente. El 54% afirma haber recibido prohibiciones, amenazas,  encierros, humillaciones y ofensas.

El 38% asegura que fue golpeada, tironeada, herida y lastimada. El 26% fue víctima de violencia sexual y el 17% patrimonial (implica la destrucción de sus bienes, ropa y objetos personales).

1 de cada 6 mujeres mayores de 15 años ha vivido algún tipo de violencia física, sexual o patrimonial, lo que representa a más de 3 millones de ecuatorianas, según un informe del Ministerio de Justicia.

Hasta el pasado fin de semana totalizaron 70 los casos de femicidio en Ecuador. Hasta el momento, 43 ya fueron resueltos, confirmó el Ministerio Coordinador de Seguridad. El 66% de los delitos es cometido por los compañeros o excompañeros sentimentales en sus viviendas, según datos de la fundación María Guare. (I)

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