Redes solidarias se crean entre los alumnos de la Costa
En su segunda semana de clases virtuales Graciela Villalva, de 11 años, recibe sin inconvenientes las fichas pedagógicas y a través de Zoom escucha las indicaciones de sus docentes para realizar las tareas. La más reciente fue ver la película “Chicken Little” y elaborar un análisis.
Sin embargo, la menor lamenta que muchos de sus compañeros no puedan conectarse como lo hace ella. Por ejemplo, ayer notó que su grupo de 40 estudiantes estaba incompleto.
Diversas son las razones que impiden que los alumnos reciban clases en línea; entre ellas constan no tener un dispositivo electrónico o no contar con plan de internet.
Ante esta problemática, la solidaridad por parte de los niños y padres de familia surge como una solución.
Graciela desde el primer día en que notó que sus compañeros de curso no podían conectarse pidió a su abuela Marcia Salazar, quien la representa en el plantel, imprimir las fichas pedagógicas que le entregaban para luego entregárselas a los padres de familia que las necesitaban.
“No han sido muchas, ni se lo hace muy seguido, pero el material ha permitido que los menores estén al día con las tareas que envían”.
Asimismo, Marcia relata que cuando los papitos no entienden alguna tarea enviada “junto con mi nieta les explicamos cómo hacerla. Estamos en un momento en el que tenemos que ayudarnos”.
Añade que aunque el curso tiene un grupo de WhatsApp con los docentes ella está presta a colaborar.
Ángela Gutiérrez, de 16 años, quien cursa el segundo año de bachillerato en la unidad educativa Ati Segundo Pillahuaso, no solo ayuda a su hermana menor a hacer las tareas, sino también a una compañera de su clase.
“Tengo una amiga que se conecta solo con el celular de su mamá, pero cuando sale a trabajar ella se queda sin poder recibir las fichas”.
Cuando esto ocurre, Ángela destina un tiempo para explicarle a sus amigas, a través de messenger, las tareas enviadas y lo que tiene que hacer. “Mi amiga le pide prestado el celular a su tío y así nos ponemos en contacto. La ayudo porque veo su preocupación por querer aprender”.
En el recinto Guabito, del cantón Colimes, Heidy, Johan y Edin usan el celular de su mamá para recibir clases virtuales. Cada menor tiene un grupo de WhatsApp, donde los maestros envían las fichas, imágenes, y audios con las explicaciones de la tarea.
Para recibirlas Fabiola Arriaga, madre de los menores, hace una recarga de $ 5.
Pero asegura que en el recinto hay familias que tienen problemas con la señal de internet. “Cuando ellas no pueden descargar el material, yo se lo paso. Aquí tenemos que trabajar en equipo”.
Añade que hay otras madres que se movilizan hasta Colimes para descargar las fichas. Asimismo, reconoce que para los niños que no tienen ningún dispositivo e internet los profesores del Ministerio de Educación hacen llegar las guías impresas. (I)
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