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El papagayo, un 'canto' que se apaga en Guayaquil
Desde julio pasado el Municipio de Guayaquil desarrolla un programa educativo de conservación del Papagayo de Guayaquil (Ara ambiguus guayaquilensis) con el propósito de difundir la existencia de esta ave, declarada emblema de la ciudad y que se encuentra en peligro crítico.
“Tenemos esta especie símbolo que todavía está en nuestra naturaleza, no solo en museo o en un monumento, sino que está viva, en el Bosque Cerro Blanco”, explicó Bolívar Coloma, director de Medio Ambiente del Cabildo.
La estrategia está dirigida a estudiantes y a la comunidad de los sectores donde este ejemplar habita, a fin de que ellos se conviertan en protectores del bosque y de este animal que se extingue, pese a los esfuerzos por su conservación en estado natural y también en cautiverio.
“El último dato validado del Libro Rojo de las Especies en Estado Crítico hace referencia a 90 especies en estado natural”, recordó Coloma y añadió que con el proyecto de seguimiento que emprende el Cabildo definirán las mejores condiciones para un censo en los próximos años.
Un sitio donde se encuentra el papagayo dentro de Guayaquil es el Bosque Protector Cerro Blanco (vía a la Costa), institución que desde 1992 trabaja en diferentes programas para su conservación en estado silvestre.
Según Paúl Cun, técnico del lugar, la labor se ha enfocado en la recuperación de áreas naturales, las cuales se han perdido por diversos factores. “Fundación Pro Bosque ha realizado programas de restauración dando como resultado 600 nuevas hectáreas que antes eran pastizales”. A ellos se suma el trabajo de educación ambiental para escolares y comunidades de los alrededores.
En la actividad de campo los esfuerzos se encaminan en la vigilancia de nidos y en la búsqueda de parejas de la especie. “Hemos cuidado nidos in situ de parejas que han sacado polluelos, protegiéndolos de los cazadores y otros animales. Incluso hemos puesto nidos artificiales, aunque no han sido utilizados”.
La época de reproducción del papagayo es de mayo a junio, meses en que son observados en mayor cantidad en Cerro Blanco. Anidan en un árbol denominado pigío y en octubre nacen sus crías. Luego se van, pero es difícil saber hasta dónde migran.
Cun expresó que, de acuerdo con los últimos registros, en junio de 2015 observaron bandadas de hasta 6 ejemplares cerca del bosque Cerro Blanco. “Eso no significa que solo esos se encuentren. Se escuchan otros. Podría haber más en otras áreas de la cordillera”.
Él recordó que en otro censo de 2012 se contabilizaron 9 aves en varios sitios de Cerro Blanco y sus alrededores y en parte del Bosque Protector Chongón-Colonche, en la península de Santa Elena.
Sin embargo, Cun aclaró que no se puede conocer la información precisa del número de individuos en estado silvestre, salvo que se haga un estudio de campo que analice las áreas donde están distribuidos.
“Es posible que la población esté disminuyendo. Sabemos el impacto que ha tenido, lo que lo ha llevado a estar en peligro crítico. Por ejemplo, la deforestación, los incendios y la cacería son problemas directos e indirectos que aún hoy continúan”.
Cun detalló que el crecimiento urbanístico en el sector de la vía a la Costa también ha perjudicado a esta ave. “Los habitantes dicen que antes se los veía pasar del bosque seco al manglar. Son especies que se alejan del ruido y requieren grandes espacios para sobrevivir”.
El biólogo comentó que el bosque Cerro Blanco tiene pocas posibilidades de expandirse, pero que hacia el noroeste se conserva mejor, porque se une con el de la cordillera Chongón-Colonche.
Coloma agregó que en los bosques se realizan patrullajes para evitar que se vulneren los límites y se produzcan incendios forestales que reduzcan el hábitat de la especie. El funcionario añadió que el Cabildo porteño trabaja arduamente en la reinserción de aves que actualmente están en cautiverio. (I)