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Ecuador, 26 de Febrero de 2025
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Caballos traen alivio a niños con discapacidad

El tratamiento con caballos se realiza gratis en la escuela Santa Julia Biliar, en Matagalpa (en Nicaragua).
El tratamiento con caballos se realiza gratis en la escuela Santa Julia Biliar, en Matagalpa (en Nicaragua).
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Dayana Prado, una niña nicaragüense de 6 años, nació con hipoxia, una deficiencia de oxigenación que le impide controlar sus brazos y piernas, pero un tratamiento con caballos comenzó a cambiar su vida.

“Es increíble el equilibrio que le ha dado a Dayana montar a caballo. Ella tenía las piernas y brazos aguados y a los tres meses de terapia comenzó a caminar”, cuenta su padre, Juan Prado.

Después de tres años de asistir al centro de equinoterapia, Dayana “puede saltar gradas, sube a sillas y mesas sin ningún problema. El equilibrio es grande”, dice este joven oficinista que todos los domingos lleva a su hija a la terapia.

El tratamiento con caballos para rehabilitar a niños con discapacidad se realiza de forma gratuita en la Escuela de Especialidades Santa Julia Biliar, en Matagalpa, 90 km al norte de Managua, y en el privado Centro Ecuestre Aras del Carmen, en la comarca rural de Chiquilistagua, al suroeste de Managua.

“Yo no creía (en la terapia) hasta que vi los cambios, cómo la niña comenzaba a reaccionar, está más relajada y con más concentración”, asegura Prado. Su hija presenta dificultades para hablar, para lo cual realiza otras terapias en casa.

Como Dayana, otros niños con problemas de autismo, parálisis cerebral, déficit de atención, síndrome de Down o retraso psicomotor son tratados con esta técnica.

Conexión emocional

Antes de montar el caballo, se produce una conexión entre el animal y los niños, que con curiosidad y cariño acarician la cabeza, las orejas y el hocico de la bestia, que se deja mimar.

Esta técnica data de los antiguos griegos, que la utilizaban para curar dolencias, según los promotores del tratamiento en Nicaragua.

En Santa Julia “tenemos 15 años de utilizar esta técnica y los resultados son favorables: niños que han logrado caminar o con problemas de aprendizaje que han superado sus deficiencias”, recuerda el fisioterapeuta Gustavo Vallejo.

“A veces lloran pero después no se quieren bajar porque ellos lo ven como un juego, no es como tomarse una pastilla o que lo lleven a una sala de masajes”, explica Vallejo. “Al final se logra el objetivo de estimular el sistema nervioso o las áreas donde está la lesión”.

Uno de los beneficiados con el tratamiento es Jason, de 4 años, quien padece un retraso psicomotor. “Cuando comencé a traerlo a rehabilitación él montaba el caballo acompañado (con el terapeuta) y ahora lo hace solo, tiene bastante equilibrio”, relata su madre, María Mendoza.

El terapeuta es el caballo

En esta terapia todos los sentidos del paciente son activados con el andar del caballo, que envía impulsos a las áreas afectadas del niño, explica el especialista.

El calor, el olor, el contacto del niño con la piel del animal, el sonido de los cascos al andar “estimulan los sentidos del paciente”.

La equinoterapeuta Karla Fonseca, de Aras del Carmen, consideró que “el terapeuta es meramente el caballo”. Son animales adiestrados para tal fin y deben tener ciertas características, como ser adultos y castrados, lo que evita que se pongan nerviosos ante imprevistos.

Fonseca atiende a algunos niños con autismo y “hemos visto los resultados porque estos pacientes no reciben otros procedimientos, solo equinoterapia”.

Una sesión de 30 minutos con el caballo equivale a 10 sesiones con otros procedimientos. (I)

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