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Desde 1975, este cotacacheño se dedica a elaborar todo tipo de instrumentos
Leonardo Alvear, el maestro de los bombos
Imbabura.-
Su timbre grave es inconfundible. Cómo no reconocerlo, si se trata de uno de los instrumentos más utilizados en fiestas populares como la Mama Negra y el Inti Raymi.
El bombo, con cuerpo cilíndrico, posee una sonoridad que, según los entendidos, puede oírse a varias leguas.
Leonardo Alvear, uno de los más reconocidos fabricantes de estos instrumentos, señala que su función es eminentemente rítmica. Durante mucho tiempo, incluso, acompañó las procesiones, esos desfiles religiosos que son más frecuentes en Semana Santa.
Alvear los fabrica desde hace varias décadas. En su vivienda-taller, ubicada en una de las calles céntricas de la ciudad de Cotacachi, hay varios bombos que en pocas semanas serán entregados a diferentes grupos musicales, porque estos instrumentos se elaboran bajo pedido.
Alvear indica que en su taller también elaboran instrumentos de viento, cuerda y percusión. “El bombo es uno de los instrumentos musicales más profundos, porque es el que lleva el ritmo. Es un instrumento que imprime ritmo y son”. De hecho, el bombo jugó un papel protagónico en el desarrollo cultural de los pueblos indígenas.
Desde 1975, Leonardo Alvear se dedica a su fabricación con el apoyo de varios operarios. “Hemos aprendido de los ancestros y también aplicamos fórmulas muy modernas como es el doblado de la madera”.
Para la elaboración de este instrumento, se utilizan, sobre todo, varios materiales, como la calabaza de cabuya o de la penca.
También se utiliza madera terciada o tablón. En realidad, los bombos son solicitados, principalmente, por los grupos folclóricos.
En su taller, localizado en un espacio improvisado, en el ingreso a su vivienda de 2 pisos, también hay arpas, guitarras, quenas, zampoñas, flautas, cuatros, triples, charangos.
Para Leonardo Alvear todo instrumento tiene su particularidad. Después de fabricar durante más de 3 décadas diferentes instrumentos, aprendió a elaborar un bombo desarmable exclusivo para músicos que viajan con regularidad.
Su costo es de $ 150, mientras que los tradicionales tienen un valor aproximado de $ 60. Su elaboración —comenta— toma cerca de 4 días, con la ayuda de los maestros operarios. Muchos de estos trabajadores de la madera que se iniciaron con él, ya se independizaron y tienen sus propios talleres.
Aunque aprendieron a armar los instrumentos, no profundizaron sus conocimientos en el campo de la ebanistería. “Es necesario tratar la madera para elaborar los instrumentos de cuerda que exigen un poco más de conocimiento”.
La elección de la materia prima es fundamental. Así, por ejemplo, Alvear utiliza cuero crudo para elaborar el cabestro que sirve para templar los bombos de cerco a cerco. Confiesa que la fase más complicada es dar la vuelta a la madera, porque esta tarea no se puede realizar en frío.
“Hay que utilizar químicos y también aplicar calor. Las prensas a calor que nosotros también diseñamos nos permiten dar la vuelta y darle la forma redondeada para que se convierta en bombo”.
Durante este proceso, se utiliza agua para remojar la madera durante 2 días. De esta manera, se obtiene una madera maciza. “La calabaza del penco, también llamada pondolongo, es un material espectacular. Se trata de un producto natural y recogido de las mismas comunidades que ha crecido en nuestra comarca”.