Publicidad
Ella buscaba capacitación y conciencia femenina como derecho igualitario
Derechos de la mujer ya eran difundidos en 1864
Cuidadito con tocar a “la araña” de la prensa. Decían los opositores y los esbirros de los gobernantes de turno cuando la reconocían por las inmediaciones de las oficinas de periódicos e imprentas quiteñas, donde ella colaboraba.
Toda su abundante cabellera tenía una larga furia negra que ella misma arremolinaba sobre su altiva cabeza de protagonista de un periodismo libertario al que han calificado de feminista.
¡Cuidadito con tocar a “la araña” de la prensa! Ella quiere llamarse “Zarelia”, pero no tiene problemas si la confunden con una araña tejedora de hilos y de redes, en los que iban cayendo muchos zancudos retrógrados de su época.
De tanto echar palabras contundentes por la reivindicación de la mujer ecuatoriana, su labio superior se le había pronunciado como quilla de las embarcaciones que llegaban por los mares de Machala.
Sus ojos saltaban de entre los mangles de Jambelí como dos nidos que acunaban los vuelos de sus garzas. Dos arcos profundos hechos con palmeras de su natal El Guabo, se balanceaban en sus cejas desde el 27 de junio de 1864.
Todos los vientos tropicales en ella se hicieron palabras, denuncias, gritos libertarios, protestas, consignas. Le tocó vivir en una patria que a cada repicar de campanas se oía un responder de rifles montoneros.
Ella vio cómo corrían por las calles de Machala, de Ambato, de Quito, de Cuenca y de muchos pueblos, los santos que salían de las iglesias, sin atinar qué hacer cuando los montoneros los perseguían para rezar con rosarios rojos sus oraciones por una Patria laica.
Estaba enterada de cosas que hacían los perversos que, mientras viven, ejercen su condición de humanoides, y mueren convencidos de que las leyes que aprendieron de otros perversos, son productos de astros luminosos e inamovibles.
Ella se ríe de estos intrascendentes que abundan en las patrias de la ignorancia. Sabe que en Ambato están publicando el periódico El Criterio. Le avisan que para el 4 de junio de 1922 desean un artículo de su autoría.
Ella les dice que bueno, no porque sea su deseo escribir para que figure su nombre. Ella no cree en esas caras grandotas y llenas de mala yerba que se reproducen alegres por la villa, porque contaban con el apoyo de sus manipuladores quese inventan ocupacioncillas para que ejerzan sus adulos periodísticos domingueros.
Ella sabe que hay que escribir porque hay mucha gente que tiene ideas diferentes en contra de un sistema en el que impera el machismo y se ocultan las verdades.
Recuerda que empezó publicando sus pensamientos en la revista El Tesoro del Hogar junto a Lastenia Larriva de Llona, que semanalmente fue apareciendo desde 1887 hasta 1893.
Claro que después de haberse hecho conocer como periodista, llegó a ser la primera directora y redactora de un periódico de contenido político progresista que se llamó La Prensa, en 1911.
Les voy a remitir el artículo, les había dicho a los de El Criterio: “La actuación de la mujer en la Independencia Americana”.
“Voy a escribir en contra de ese torpe José Manuel de Goyeneche que tenía el pecho lleno de medallas realistas en el Alto Perú.
No se olviden que mi esposo fue militar, Coronel, el cuencano Julio Landívar Morán, con quien me casé en 1893, cuando estuvo por los lados de Machala. Con él hice mi hogar hasta que falleció en 1913”.
Esto es para El Criterio: “Era cruel Goyeneche, (peruano)-americano al servicio de Rey; con saña de tigre hizo llevar junto al cadalso del mineralogista Matos, a su desesperada esposa, para que presenciara su ejecución. – ‘Levanta la cabeza orgullosa, rebelde, le decían, mírala expirar. “Ella transida de dolor se dirigió al amante compañero de su vida y le dijo amorosamente:
Tú me enseñaste a vivir, ahora me enseñas a morir. Sube al cielo mártir de la Patria, que yo no tardaré en seguirte”.
Matos fue decapitado a hachazos y su cabeza de sabio y de patriota clavada en una pica la pasearon por las calles de Potosí. Su esposa le siguió pronto a la tumba”.
Lo que escribo, lo hago porque no puedo ser una mujer indiferente a la descarnada infamia, al sufrimiento de quienes, junto a sus hermanos, a sus esposos, a sus padres, tienen que callar la barbarie con la que se formaban los soldados en las altas escuelas militares europeas. Goyeneche tiene una encumbrada biografía de perverso, Teniente de caballería y Capitán de Granaderos.
A lo largo de su vida fue condecorado, entre otras, con las Grandes Cruces de Isabel la Católica, Carlos III, San Hermenegildo, San Fernando o la Gran Cruz de Comendador de la Orden Pontificia de San Gregorio Magno”.
Él es un americano nacido en Arequipa que fue a perfeccionarse mirando a los famosos soldados prusianos en la cuna de la civilización europea.
Con tremendas tácticas aprendidas, con maestrías en degüellos, con medalla al mérito por asesinar a gente libertadora de opresiones, nunca pensó que salió del vientre de una madre.
Cuando “Zarelia” rememoraba la carota del militar, le parecía que la tenía forrada en membrana de huevo huero, inútil envoltura de polluelo podrido, pestilente y malformado.
Se convencía que esa cara tenía algo que ver con la podredumbre que envolvían sus razonamientos incondicionales en favor de la esclavitud y del sistema del que él era y estaba formado, para ser su beneficiario.
¡Cómo no disponer de la misma hacha para retribuirle la misma disposición, si la venganza tuviera algo que ver con la justicia! Pero ella es una araña que hace saber con tejidos de palabras las hazañas que dan gloria a los perversos.
Las ambateñas leen el artículo: “La actuación de la mujer en la Independencia Americana” y sienten rabia. Preguntan por la autora y comentan sobre “lo que ha denunciado”.
Es el artículo de “la mona” que un tiempo estuvo viviendo aquí en Ambato, antes de ir a Quito. Es una mona inteligente y decidida a enfrentar las causas justas.
Ella es amiga de Natalia Vaca. Muchos otros ya saben que se trata de la periodista machaleña, nacida en El Guabo, llamada por sus familiares Zoila Ugarte Fajardo, ahora más conocida como Zoila Ugarte de Landívar, que ha enviudado tempranamente. Por ello siempre se la ve vestida de luto.
Mucha gente comenta la lectura del artículo y se sorprende con lo que sigue: “Obligado Pezuela a reconcentrar su ejército para resistir a los insurgentes que le asediaban, dejó en Cochabamba cortísima guarnición.
La mayoría de los habitantes de esa ciudad eran soldados patriotas y un corto número de ellos servían en las filas realistas. Mujeres, niños y viejos impedidos quedaron en la ciudad por inútiles para la guerra”. (I)
Un escrito sobre las guerreras que fueron ahorcadas
Zoila Ugarte continuó su relato: “Cerró la noche; sigilosamente las valerosas cochabambinas se armaron como pudieron y ordenadas en pelotones acometieron al cuartel; tres veces fueron rechazadas, pero al fin lograron tomarlo, aunque con gran pérdida de vidas de las improvisadas combatientes. Dueñas de la fortificación enviaron muy ufanas sus prisioneros de guerra, caballeros de sus propias cabalgaduras militares al campamento del general Rondeau. Triunfantes los españoles en willuma, recuperaron Cochabamba y convirtieron en horrorosa tragedia el regocijo de las vencedoras. Doce heroínas fueron ahorcadas sin misericordia, y descuartizándolas, colocaron sus pedazos en jaulas de hierro que fueron repartidas por calles, plazas y caminos para sembrar el terror y el escarmiento entre los rebeldes. La historia ha consignado admirada, el valor con que aquellas patricias vivaron hasta exhalar el último aliento a la Patria…”.
Y así, las palabras de Ugarte viuda de Landívar cuentan que tuvo que tapar por un momento el cadáver de Alfaro, cuando fue arrastrado por esa masa fanática en las calles de Quito. Le dolió en el alma la prisión de su hermano el Coronel Wenceslao Ugarte y dejó de creer en los liberales. Su preocupación va más allá de los dramas del poder. Ella busca la capacitación y la conciencia femenina como derecho igualitario. (I)