La fauna marina y la crueldad

29 de noviembre de 2020 00:00

Hace algunos años, el escritor, economista y divulgador científico, Eduardo Punset, consultó en el programa de televisión "Redes" al psicólogo Steven Pinker, profesor de la Universidad de Harvard y uno de los pocos científicos que han investigado sobre el grado de maldad de los seres humanos, si antiguamente las personas eran más violentas y crueles que ahora.

La respuesta fue, para sorpresa del presentador y quizá de muchos televidentes, que el grado de maldad actual es muchísimo menor. Pinker manifestaba, entre otras cosas, que antes de que existiera el Estado había muchas más muertes, y puso cifras: el 60% de la población era diezmada a partir de las guerras tribales y ni la Segunda Guerra Mundial, la más sangrienta de los últimos tiempos, con armas más sofisticadas, alcanzó tales cotas de mortandad.

Hurgando en la arqueología de las emociones, Pinker llegó a la conclusión de que actualmente la humanidad es mucho mejor y puso como ejemplo un caso simbólico del declive de la violencia y la crueldad: la lucha por los derechos de los animales, fuerza impulsada por un principio ético: no infringir dolor ni sufrimiento.

A diferencia de lo que ocurrió con los movimientos de derechos humanos, en los que los propios afectados iniciaron la lucha, los animales no pueden defender sus derechos por sí mismos, están a merced de las personas, y allí se evidencia el grado actual de razón y empatía de las personas.

Gracias a la lucha de los animalistas se han conseguido regulaciones para la defensa de los animales: sucedió con los toros, con los gallos, los gatos y los perros, y el abanico se ha ido abriendo con el paso del tiempo (según estudios, la preocupación por los mamíferos es superior a la que se pueda tener por un reptil y la preocupación por un reptil es superior a la que se pueda tener por los peces. Mientras más semejanza con los humanos tengan los animales, más defensores tendrán; es decir, los peces están en la última cadena de protección). 

Pero hay buenas noticias: el Ministerio del Ambiente, en su objetivo de fortalecer la gestión de las Áreas Marinas Costeras Protegidas, dictó un taller sobre liberación de especies, en Manabí; asimismo, se conoce actualmente que en 10 años se hicieron 35 liberaciones de megafauna marina y entre las especies liberadas están las ballenas jorobadas, los bufeos y las tortugas.

Además, en Colombia, desde hace tres días está prohibida la pesca de tiburones, de cualquiera que sea su  especie. Al firmar el decreto, el presidente de Colombia, Iván Duque, pidió a todos los colombianos que se unieran  en la protección de esta importante especie que contribuye clara y enormemente al bienestar de la naturaleza. Los ambientalistas deben estar pletóricos, razón no les falta. (O)  

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