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De la harina el pan, de la palabra el refrán, comenta la abuela de la casa. Y de ahí que “palabra suelta no tiene vuelta” es la etiqueta que más calza frente al mal llamado debate, porque lo que se pudo ver el domingo pasado fue un careo, dimes y diretes, comentarios mal traídos, réplicas y contrarréplicas que dejaron un sabor amargo y la muestra evidente de que en la política ecuatoriana el gran ausente es el estadista.
El debate es un derecho nuestro, es un ejercicio democrático, no es un partido de fútbol, aunque en ese deporte el árbitro controla y pone orden, pero en el evento del domingo tuvimos a una presentadora que controlaba los tiempos, leía preguntas, más no a una moderadora, y de pronto la culpa no es de ella. Hizo falta un periodista o comunicador sagaz con conocimiento del arte de gobernar que es la política y con capacidad de conducir el fuego cruzado de los candidatos y llevarlos a la arena que nos interesa a los ecuatorianos: saber cómo van a resolver los grandes problemas nacionales con su plan de trabajo. En buen romance al Consejo Nacional Electoral no le interesa la salud de la patria.
Ahora entendemos, ese evento no respondió a las expectativas de los ecuatorianos, sino a lo que los asesores armaron, pues el objetivo fue hablar a la hinchada y no buscar definiciones en el electorado, evidenciándose esa polarización: correísmo versus anti correísmo, sin darse cuenta que la elección no se gana en el debate, sino que los votos se llenan en las urnas.
Y es que la suerte de los ecuatorianos está echada y de alguna manera depende del pos debate, es decir de lo que se está haciendo en redes sociales porque ese es el escenario en donde hoy se discute y no en el espacio creado por mandato legal y que lo cumple el Consejo Nacional Electoral vitalicio, y por eso es que el mal llamado debate se sigue haciendo con el mismo libreto pese a que los cuestionamientos han sido constantes, y como nos recuerda la abuela de la casa, y dale el burro a la cebada.
A vuelo de pájaro, lo que sucedió esa noche y que se dice vimos más de once millones de ecuatorianos, es que es que el que se pica pierde y eso es exactamente lo que sucedió porque la candidata fue quien marcó el encuentro ya que empezó con agresividad como su mejor recurso, sorprendiendo a propios y extraños. Y para concluir, el silencio vale oro y la palabra vale plata, por lo que palabra suelta no tiene vuelta. Entre la falsa esperanza y el miedo a perder ese aparente estado de bienestar, nos debatimos los ecuatorianos.