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La inconformidad en contra de la Corona española empezó con los caciques en 1787
Una memoria realmente curiosa para la historia es la que sigue a continuación. La extraje del fondo documental que guarda el Archivo Histórico de Riobamba que funciona en la Casa de la Cultura.
Se trata de una constancia de discrepancias entre caciques puruháes y pantsaleos en 1787, conducida por los hilos de la manipulación administrativa de la Colonia.
Ubiquémonos primeramente en los 2 mundos culturales, que tenían lengua diferente (los de Cotopaxi y los de Chimborazo) antes de la quichuización a que fueron sometidos con el cristianismo, más que con la conquista inca.
Antes de narrarles el litigio, preguntémonos ¿cómo así y desde cuándo “don Ventura Caysatoa indio del asiento de Latacunga Gobernador que fue del expresado Guamote” y por qué se hallaba en esas funciones?
El conflicto se da con “Don Juan Pablo Duchinachay y Sañay Cacique Principal y Gobernador del pueblo de Punín y de la parcialidad nombrada Chusmaute reducido en dicho pueblo de Cebadas y valle de Guamote de esta jurisdicción”.
¿Hubo desplazamiento mitimae desde el incario? En el ambiente de la vida colonial centroandina se respira un aire raro de inconformidad en la población llana, mestiza, y también y sobre todo en las reducciones o poblados indígenas.
Las cúpulas administrativas evidencian corrupción y abusos en procura de sus intereses de poder y enriquecimiento. La expoliación a la masa tributaria se justifica con el obedecimiento ciego a reyes distantes que parecen etéreos, pero que gobiernan como fantasmas del temor para que funcione el obedecimiento. No nos olvidemos que son decenios previos a las luchas independentistas maduradas en estos propios caldos de cultivo.
El cacique don Juan Pablo Duchinachay y Sañay realiza una acusación reveladora a don Ventura Caysatoa “sobre el delito sublevado: sustracción de indios y cobro de tributos con daño del Real Interés, atropellamientos y contravenciones, aprovisionado del Real Correo del citado valle”.
Mientras el Protector de Naturales hace los informes, Caysatoa va a parar a la cárcel pública de Riobamba, no se sabe hasta cuándo, porque el expediente concluye justamente con una última notificación que se le hace estando preso.
“Así es de justicia que pido por mis partes con el juramento en derecho necesario.- Riobamba y Septiembre 6 de 787 años.- Firma Ignacio Valencia (Protector)”.
Para esclarecer estas acusaciones, que van desde falta de respeto a las autoridades españolas por parte de los caciques, maquinación de sublevación, y hasta sustracción de indios de servicio, veamos lo planteado en el interrogatorio:
“Segundo, si saben y les consta que el dicho cacique y gobernador Don Ventura Caysatoa ha cumplido con exactitud y vigilancia con los cargos de su obligación; cuanto en descubrimientos y manifestaciones de los indios tributarios de su Ayu (ayllu) y parcialidad, sin que jamás se le hubiese notado alguna ocultación, ni que hubiese percibido sigilosamente para sí dicho tributo o teniendo en su servicio indios tributarios con fraude y perjuicio de la Real Hacienda.- Digan
Tercera, si saben que en la ocasión que dicho cacique manifestó al General Don Bruno de Urquizo, Corregidor que fue de esta Villa, y cobrador de tributos, suponiéndolo por indio tributario a un hijo de Agustín Albarado.
Fue repelido y aún reprehendido por dicho Señor Corregidor por haberlo puesto en la numeración, y lo hizo borrar de el padrón declarándolo por español libre.
Y asímismo saben que a un injusto cargo o imputación que se le hizo de que un indio nombrado Juan Paca le había dado un caballito por cuenta de sus reales tributos; satisfizo patentizando que el abono de dicho caballito había sido por préstamo separado, el cual lo tiene ya pagado.- Digan
Cuarta, que cuando el expresado cacique Don Juan Pablo Sagñay pasó al sitio o territorio de Chusmaute en términos del pueblo de Guamote en consorcio de sus tres aliados que constan de los autos aparentando que iban a notificarles una Providencia Judicial de la Real Justicia de esta villa, fueron todos cuatro muy ebrios llenos de alboroto, vocería y orgullo escandalizando a los miserables indios de aquel territorio y amedrentándolos con sus amenazas y gritos.
Con cuya noticia el cacique don Ventura, mi parte, bajó prontamente al pueblo, y le envió noticia de que en él lo esperaba para que como a tal cacique y gobernador le viniese a notificar cualquier providencia judicial que trajese, que estaba pronto a obedecerla.
Con la sumisión y acatamiento debido; por más que lo esperó no vino ni le notificó tal providencia judicial dicho don Pablo, y antes sí prosiguiendo en bebezón en el mismo pueblo con sus ocios cargados de aguardiente y chicha pasaron al citado territorio de Chusmaute.
Allá fueron a hacer todo el estrépito de vocería y amenazas a los indios, y aunque el dicho cacique don Ventura, mi parte, lo fue siguiendo a dicho territorio, (en donde tiene su estancia), por ver si allá le notificaba dicho don Pablo la judicial providencia que suponía.
Tampoco se verificó tal notificación, pues aún cuando mi parte llegó a verlo y hablarlo haciéndole los cargos del alboroto y viendo que ya lo tenía amaneatado al indio Jacobo Quito pretextando arrestarlo, lo despreció y le respondió dicho don Pablo, que el orden que llevaba era solo para hacer saber a los indios de casa en casa, y no para notificarle a él”. (I)
Urbina abolió las denominadas protecturías
“Así mismo declaren si el indio Jacobo Quito se portó en esta ocasión (como siempre) con humildad y veneración, sin dar motivo de sublevación, motín o desacato a la Real Justicia: sino cuando más le hizo en términos hábiles las representaciones a dicho don Pablo que cualquier orden judicial debía primero hacerle saber a su cacique y gobernador y no inquietar y alborotar a los miserables indios con tantas amenazas. Y solo por esta insinuación le vituperó de ladrón y salteador, y porque le respondió qué cosa le había robado se enfureció dicho don Pablo y apeándose de la bestia lo tumbó de la suya al suelo y lo arrestó”. Sobre este interrogatorio pasan a declarar: “Don Josef de Pas cacique y gobernador del pueblo de las Cebadas… un indio que dijo llamarse Pasqual Campos, se le recibió juramento. Inquieta para mi comentario, el hecho de haber puesto un intérprete, quien a mi entender debía hacer constar versiones diferenciadas en la expresión de cada testigo y que, redactadas por el escribano, nunca pueden ser idénticas como aparecen en el documento. Este ‘atropello”, diré, fue la peor trampa de la justicia en favor de los intereses de los administradores de la vida colonial, convertidos en libertadores. Ni siquiera la llamada Independencia, anuló tales procedimientos, hasta que algo habrá sucedido con las disposiciones de José María Urbina que anuló las llamadas “protecturías de indios”, junto a la abolición de esclavos negros. (I)